
Jamás me negaría a vuestra mirada
Suave y aterciopelada,
Que ilumina este canto de demencia
Que acompañan, en mi último cortejo
Al sacrifico de mi alma
En loor a vuestro par de ojos tristes
Que en enlutan a la luna en mi noche de muerte.
No me niego a vuestra verdad
Pues la dicha de vuestro amor
Se acrecienta aquí en mi corazón
Crece y prevalece en mí
Como el sol en tus ojos,
¡OH! Mi púdica y única mujer
Mátame en nuestro lecho
Ofreciéndome a la luna
Como cordero impío
En esta triste y tranquila vigilia
En esta oscuridad de soledad y amargura.
¡Mentiras y blasfemias!
Oídos sordos a los gemidos de esas fauces
Mentirosas y pecadoras, aquellas
Solo pretenden separar nuestro calor
Nuestra dicha, inocencia y amor.
No me niego a lo que me pueda entregar
Vuestra silueta perfecta al andar
Adorna el lúgubre jardín de mi altar;
Vuestro calor, pasión y fuego
Son mi gloria máxima
Mi vida eterna
Mi sangre límpida
En esta penosa vida
Llena de delirios y martirios
No me queda más que invocar vuestra beldad
A vuestros vastos ojos,
Que embrujan en medio de la espesa selva negra
Y lo grito en mi tumba pasajera
Que auguran mi cita con mi verdugo
En el juicio, aquel.
Al mirarte me quedo mudo e inerte,
Os hago todo o nada,
Os odio o amo
Es así de simple
Mi respuesta es la siguiente:
Os amo con fuerza máxima existida
Y con respeto absoluto
Os ofrezco mi cuerpo,
Mi locura y demencia
Para que nuestra lujuria
Se unan en la estrella fugaz del amor,
Que cae en el firmamento de la pasión.
Y al volverte mirar a los ojos,
No tengo nada que ofrecedle
Más que este cadavérico cuerpo,
Más que mis pecados
Que me bautiza como maldito
Ante los astros y dioses
Testigos omisos
De este amor que me consume
Pero todo cambia con la fuerza del destino
La fuerza de mi negro corazón
Mi fortaleza, lágrimas y risas.
En un beso vuestro, muero
Resucito en vuestro inmaculado vientre triunfal,
Que en un instante sen convierten en mi paraíso,
En mi oasis perdido,
Que como ceniza del altar bendito
Se consume en un solo cuerpo,
Como el tuyo y el mío;
En este glorioso acto de entrega,
Y que en este beso se transforme,
En nuestro acto de instinto y demencia.
Todo está llegando a su final,
Te veo que vas en el horizonte Oriental,
Entre acres fragancias,
Acompañado de un Réquiem andante,
Cadenciado por una viola quejumbrosa
Son llevadas mis quimeras al infierno.
En medio de este firmamento de hojas hieles.
La pequeña llama de esperanza que se prendió
Se ha extinguido ya, en esta soledad flamígera,
Donde han sidos diseminadas estas palabras cuitas
Desde el pináculo de mi templo te observo,
¡Cuanta beldad hay en esa figura!
Bienaventurado el hombre que te acompañe hasta la muerte
Bienaventurada tu sangre, mi cáliz eterno.
Tus risas y lamentos
Han guardado mi carne en este denario
Cadavéricas miradas se deslizan por mi pecho,
Mis miedos se han extinguidos en este efímero beso
Mi último adiós, ha de dar
En esta última tarde de encuentro.
Mis lágrimas en vano,
Se han convertido en el mar del nuevo mundo.
Un mundo donde se escondieron tus miedos,
Vivamos tranquilos nuestra vejez amor mío
Que no nos perturben espíritus y vagabundas almas
Bailemos y juguemos mientras, Cronos duerme,
Quiero que esta noche sea la más bella,
Que mi demencia nos lleve a la cúspide del placer,
Donde te entregues como mi musa.
Añoro componer mi vals de muerte,
En medio de tu pecho ardiente
Escondiéndome de la bruma,
Bajo tus vastos hombros
Te imploro y te clamo,
Empezar una vida nueva,
Quema tus recuerdos lívidos,
Por que a la hora de un sí.
Un beso aniquilará mi locura,
Por que te amo con frenesí.